En un movimiento sin precedentes en los últimos cincuenta años, el oro ha superado al dólar estadounidense como el principal activo de reserva en los balances de los bancos centrales. Este cambio estructural, que ha llevado al oro a representar el 27% de las inversiones totales, por encima del 22% en bonos del Tesoro de Estados Unidos, marca un punto de inflexión en la gestión de las reservas globales.

El auge del oro y la caída del dólar

Según el Consejo Mundial del Oro, los bancos centrales han incrementado sus reservas de oro a un promedio de 1.000 toneladas anuales en los últimos cuatro años, duplicando el ritmo de acumulación de la década anterior. Este aumento coincide con una apreciación significativa del precio del oro, que alcanzó un récord de casi 5.600 dólares por onza el 29 de enero de 2026, tras subir más de un 60% el año pasado.

"Los bancos centrales están experimentando un cambio estructural en la gestión de sus reservas, impulsados por la inflación, la fragmentación geopolítica y la evolución de las condiciones de mercado."

Por otro lado, el índice del dólar, que mide la fortaleza del dólar frente a otras grandes divisas, ha caído un 9,4% en el último año, situándose en 97,9 a finales de abril de 2026, su nivel más bajo en años. Morgan Stanley anticipa una posible caída adicional del 10% para finales de 2026, lo que podría seguir incentivando la preferencia por el metal precioso.

Implicaciones para la economía global

El desplazamiento del dólar como activo de reserva de referencia tiene profundas implicaciones para el sistema financiero global. La creciente acumulación de oro por parte de los bancos centrales indica una desconfianza renovada en la estabilidad del dólar, exacerbada por los altos niveles de deuda de Estados Unidos que, según el 61% de los bancos centrales encuestados por la agencia Efe, afectan negativamente a su posición como activo de reserva a largo plazo.

La diversificación hacia otros activos, como la renta variable y la deuda corporativa, también se está acelerando. Sin embargo, la falta de una alternativa creíble y de gran escala al dólar limita la velocidad de este cambio, que se espera sea gradual, según Invesco. A pesar de estos desafíos, la Encuesta de Reservas de Oro de los Bancos Centrales 2026 indica que el 45% de los bancos centrales planea aumentar sus reservas de oro, y el 89% espera un crecimiento continuo de las reservas globales en los próximos doce meses.

Perspectiva futura

Deutsche Bank proyecta un potencial alcista para el precio del oro, que podría elevarse desde los 4.000 dólares actuales a 5.400 dólares la onza para junio de 2027, impulsado por la acumulación de oro por parte de los bancos centrales, la desdolarización y la disminución de las tensiones geopolíticas. Este panorama sugiere que el oro podría consolidarse como un activo estratégico a medio plazo.

La transición hacia el oro y otros activos refleja un cambio en la arquitectura financiera global, donde la estabilidad y la diversificación juegan un papel cada vez más importante frente a las incertidumbres económicas y políticas. La capacidad del oro para mantener su valor en tiempos de crisis lo convierte en una opción atractiva para los bancos centrales que buscan mitigar riesgos y asegurar sus reservas.