La reciente presentación de la candidatura conjunta de Argentina, Uruguay, Chile y Brasil para organizar la Copa del Mundo de 2035 ha generado un amplio debate en torno a las oportunidades y desafíos que esta propuesta conlleva. En un contexto donde la FIFA está evaluando cuidadosamente las solicitudes de los países candidatos, la región sudamericana busca recuperar protagonismo en el escenario futbolístico global.

Una candidatura histórica

La última vez que Sudamérica fue sede de un Mundial fue en 2014, cuando Brasil organizó el torneo. Desde entonces, el continente ha visto cómo otras regiones, especialmente Europa y Asia, han dominado la escena, acaparando los derechos de organización de los eventos más importantes. La candidatura de 2035 no solo implica la construcción de nuevos estadios, sino también una renovación de infraestructuras y un compromiso con el legado que un evento de tal magnitud requiere.

Los estadios emblemáticos propuestos, como el Monumental de Buenos Aires, el Maracaná de Río de Janeiro y el Nacional de Montevideo, son un testimonio del rico patrimonio futbolístico de la región. Sin embargo, la pregunta sobre si estos recintos pueden cumplir con los estándares de la FIFA y ofrecer una experiencia adecuada a los aficionados sigue en el aire.

Impacto económico y social

El potencial económico de albergar un Mundial es innegable. Según un informe del

Banco Mundial, los eventos deportivos pueden generar un incremento del 0,5% al 1% en el PIB de los países anfitriones durante el año del torneo.
Esto se traduce en un aumento del turismo, la creación de empleos temporales y una inyección de inversiones en infraestructura. Sin embargo, es crucial que los países candidatos se preparen adecuadamente para maximizar estos beneficios y evitar los errores del pasado, donde muchos países han quedado con deudas significativas tras la celebración de eventos deportivos.

La colaboración entre países, como la que se está planteando, presenta un enfoque innovador. Sin embargo, también puede complicar la logística y la coordinación entre diferentes administraciones locales y nacionales. La creación de un comité organizador que incluya representantes de todos los países involucrados será esencial para garantizar que se cumplan los estándares de la FIFA y se alineen las políticas de inversión y desarrollo.

A medida que avanza la candidatura, será vital considerar las implicaciones sociales del evento. La Copa del Mundo no solo es un evento deportivo, sino también una plataforma para abordar temas sociales, como la inclusión y la diversidad. Los países sudamericanos enfrentan desafíos significativos en estas áreas, y un Mundial podría ser una oportunidad para impulsar iniciativas que dejen un legado positivo.

Perspectivas futuras

El proceso de selección de la FIFA será riguroso y exigente. La competencia por la sede del Mundial de 2035 incluirá a otras naciones, como España, que ha expresado su interés en albergar el torneo. La historia futbolística, la capacidad de infraestructura y la experiencia en la organización de eventos internacionales serán criterios cruciales para la selección final.

Además, la creciente presión por parte de la FIFA para que los torneos sean sostenibles desde el punto de vista medioambiental añade una capa adicional de complejidad a la candidatura. La región sudamericana deberá demostrar su compromiso con prácticas sostenibles y responsables, lo que podría requerir inversiones significativas en energías renovables y gestión de residuos.

La candidatura de Argentina, Uruguay, Chile y Brasil para el Mundial de 2035 es más que un simple intento de albergar un torneo; es una declaración de intenciones sobre el futuro del fútbol en Sudamérica. A medida que avanza el proceso, será fundamental que los países se unan en un esfuerzo común que no solo busque el éxito deportivo, sino también un impacto positivo en la sociedad y la economía de la región.