La organización del Mundial de Fútbol 2026 ha puesto de manifiesto tensiones económicas entre las ciudades anfitrionas en EE.UU. y la FIFA. A pesar de haber sido prometidas contribuciones de 1 millón de dólares para cada una de las 11 ciudades que albergaron partidos, los pagos aún no han sido realizados. Esta situación plantea interrogantes sobre la gestión financiera de la FIFA y su compromiso con las ciudades que invirtieron en la celebración del torneo.

Compromisos incumplidos y su impacto económico

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, anunció en 2022 que las ciudades anfitrionas del Club World Cup 2025 recibirían una contribución de 1 millón de dólares cada una. Este anuncio fue presentado como una 'contribución legado', destinada a la construcción de mini-pitches y apoyo a proyectos sociales. Sin embargo, tras la realización del Mundial de 2026, las ciudades anfitrionas preguntaron si recibirían una compensación similar dada la magnitud del evento.

Las ciudades que acogieron el Mundial de 2026 incluyen Seattle, San Francisco, Los Ángeles, Dallas, Houston, Kansas City, Atlanta, Filadelfia, Nueva York/Nueva Jersey, Miami y Boston. A pesar de las reiteradas promesas verbales por parte de la alta dirección de la FIFA, los pagos no se han materializado. Las ciudades han comenzado a buscar actualizaciones sobre estos fondos, lo que ha llevado a un clima de incertidumbre y frustración.

“Es difícil entender cómo FIFA, que generó ingresos superiores a 15 mil millones de dólares en el ciclo 2023-2026, está retrasando estos pagos relativamente menores.”

Implicaciones para la relación entre FIFA y las ciudades anfitrionas

La falta de pago por parte de la FIFA no solo afecta a las finanzas de las ciudades anfitrionas, sino que también plantea preguntas sobre la transparencia y la responsabilidad de la organización. Con un presupuesto operativo para el torneo de aproximadamente 2.7 mil millones de dólares, la negativa a realizar estos pagos parece desproporcionada en relación con los ingresos obtenidos.

Los comités de las ciudades anfitrionas, muchos de los cuales están cerrando operaciones tras el torneo, enfrentan dificultades al intentar determinar cómo contabilizar estos pagos en sus informes financieros. Algunos ejecutivos han expresado la difícil situación en la que se encuentran, ya que la incertidumbre sobre los pagos podría complicar su relación con los gobiernos locales y los contribuyentes, que ya han asumido costos significativos relacionados con la seguridad, transporte y logística del evento.

Además, la situación se complica para Infantino, quien ya enfrenta críticas por su gestión y por la controversia en torno a la posible venta de participaciones en competiciones y eventos de la FIFA a inversores privados. A medida que las ciudades anfitrionas luchan por recibir lo que se les prometió, se pone de relieve la tensión existente entre la gestión financiera de la FIFA y su relación con las comunidades que apoyan la celebración de sus eventos.

La incertidumbre sobre estos pagos también destaca un problema más amplio dentro del ecosistema del fútbol internacional, donde las promesas hechas por organismos como la FIFA pueden quedar en el aire, dejando a las ciudades y a sus administraciones en una situación desfavorable tras haber comprometido recursos significativos para la realización de un evento de tal magnitud.