En una jugada sorprendente pero esperada, LIV Golf ha presentado una solicitud de protección por bancarrota bajo el capítulo 11 en Estados Unidos, en medio de una crisis financiera que ha dejado a la liga con deudas que ascienden a, al menos, 45 millones de dólares a sus jugadores. Este movimiento se produce en un contexto donde la liga intenta recapitalizarse y relanzarse como una entidad gestionada por los propios jugadores a partir del próximo año.
Contexto financiero de LIV Golf
Desde su creación en 2021, LIV Golf ha sido objeto de controversia y ha atraído la atención del mundo del deporte debido a sus intentos de rivalizar con las tradicionales PGA y DP World Tours. La liga ha gastado aproximadamente 5.000 millones de dólares en contratos y premios, tratando de atraer a los mejores talentos del golf mundial. Sin embargo, la falta de un respaldo financiero sostenible ha llevado a la organización a una situación crítica.
Los documentos judiciales presentados ante el Tribunal de Bancarrota de Nueva Jersey el 8 de septiembre revelan una lista de los principales acreedores, donde destaca el golfista español Jon Rahm, a quien se le debe 7,5 millones de dólares. Además, la agencia IMG figura entre los acreedores con una reclamación no asegurada de 3,2 millones de dólares. En total, LIV Golf tiene hasta 1.000 millones de dólares en pasivos, lo que subraya la magnitud de su crisis financiera.
“La estructura de los enormes contratos y fondos de premios es insostenible sin un inversor estatal”
La búsqueda de un nuevo modelo de negocio
La decisión de acogerse al capítulo 11 no solo permite a LIV Golf negociar con sus acreedores, sino que también le brinda la oportunidad de replantear su modelo de negocio. Con el respaldo del fondo de inversión BC Partners, LIV Golf 2.0 promete ser una versión más modesta y sostenible de la liga, con una competición de diez eventos menos lucrativa que retendrá la estructura por equipos. En este nuevo enfoque, los jugadores tendrán la opción de poseer hasta la mitad de la liga, lo que les permitirá beneficiarse de cualquier eventual ganancia futura.
Este cambio de paradigma se produce tras el anuncio del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (PIF), que ha decidido retirar su apoyo financiero al final de la temporada 2026. Este cambio ha llevado a LIV Golf a buscar nuevas fuentes de financiación y a replantear cómo se presenta a los aficionados y a los jugadores.
La liga espera que con un campo ampliado de 75 jugadores y la introducción de un corte, el nuevo formato pueda atraer tanto a nuevos talentos como a un público más amplio. En una carta dirigida a los aficionados, el CEO de LIV Golf, Scott O’Neil, enfatizó que este proceso les dará la estructura y el tiempo necesarios para buscar una transacción significativa que inicie el próximo capítulo de LIV Golf, basado en un modelo de propiedad innovador y centrado en los jugadores.
La estrategia de reestructuración de LIV Golf no solo tiene implicaciones para sus jugadores, sino también para el ecosistema global del golf. A medida que la liga intenta redefinir su identidad, habrá que observar cómo responde el mercado y si los jugadores están dispuestos a comprometerse con este nuevo enfoque. La posibilidad de una liga gestionada por los propios deportistas podría ser un modelo a seguir en otros deportes, donde la propiedad compartida se está convirtiendo en una tendencia más común.
En conclusión, la situación actual de LIV Golf es un reflejo de las tensiones en el mundo del deporte, donde las inversiones masivas deben equilibrarse con un modelo de negocio sostenible. La capacidad de LIV para adaptarse y reinventarse será crucial no solo para su supervivencia, sino también para el futuro del golf profesional.

